El apagón
y la luz que deja en tus ojos
Son las 14.46 horas del lunes 28 de abril de 2025.
Ha habido un apagón en España, Portugal y Francia hace dos horas.
No hay luz. No hay cobertura de móvil. No hay WIFI.
Suena Epic inspiration en mi IPAD porque tengo algunas canciones descargadas para escuchar cuando viajo en avión. Después, suena Tennessee, de la BSO de Pearl Harbor. Y la lista de canciones infantil también está disponible, mientras haya batería.
Sí, esto parece un ataque. Una conspiración. El mundo, tal y como lo conocíamos, está cambiando, de forma imperceptible.
En los últimos años hemos vivido un confinamiento de meses por una pandemia mundial. Una nevada que arrasó la ciudad de Madrid. Hace unos meses, cientos de muertos por una tormenta DANA. Esta pasada semana una huelga de basuras y ahora, un apagón.
Miro por la ventana. La M-30 está colapsada de coches. Veo un puente desde casa. Mareas de gente en ambos sentidos lo cruzan.
¿Qué podemos hacer sin luz? Yo, mucho. Leer, qué bien tener la estantería llena de libros. Escribir. Cuando se acabe la batería del ordenador, del móvil y del IPAD, escribiré a mano. Saqué mi pequeña radio SANYO de una caja. Todavía tiene pilas y puedo escuchar las noticias.
No puedo cocinar. Sí puedo comer todo lo que poco a poco se irá estropeando de la nevera y del congelador… Tenemos la despensa llena de latas y muchísimo pan. Podríamos vivir unos días así, y tenemos agua.
Afortunadamente me sucedió en casa, teletrabajando. En medio de una reunión de TEAMS que finalizó de golpe. No sé qué tal están mis compañeros. Espero que estén bien.
Mi hijo está en el cole, bien cuidado. Bajaremos las escaleras para ir a recogerlo. Podemos ir andando. Unos amigos están de visita en Madrid. Mi pareja irá en bicicleta a ver si están bien, y llevará por si acaso comida y efectivo.
Mis pensamientos se agolpan: Tengo poco dinero en efectivo en casa. Tengo que sacar más para la próxima incidencia mundial. Pienso que podría tener en el trastero una bombona y calentador de comida. Y linternas a pilas. Y más agua. Objetivo para los próximos meses: kit de supervivencia.
En las zonas comunes de la urbanización se reúnen los vecinos. Al menos tenemos esa tribu. Una red de apoyo que puede hacernos la vida más fácil en caso de necesidad. Cuidar de nuestros hijos mientras hacen un recado. Ayudar a subir y bajar escaleras. Tocar a su puerta sin avisar y comprobar que están bien.
Pienso en todos aquellos que no lo tienen tan fácil. En las personas que estarían en una sala de operaciones de un hospital. Personas que necesitan oxígeno para vivir. Que no tienen movilidad para subir y bajar escaleras. Que necesitan que los lleven a diálisis. Personas preocupadas por las medicinas que necesitan nevera. En mi caso, creo que tiraré el colirio de acetil cisteína. Tantas historias diferentes están sucediéndose en este momento, mientras yo, desde la tranquilidad de mi salón, escribo esto.
Siempre queda la culpa. Esa culpa de ser una afortunada mientras los demás sufren. Aquí y en otros países. La culpa del superviviente. En el libro Este dolor no es mío de Mark Wolynn, se habla del sentimiento profundo de culpabilidad que se da en muchos supervivientes, la culpabilidad por haber salido con vida después de que muriera mucha gente en algún evento catastrófico.
Espero que mi madre que está en la aldea esté bien. Allí tiene butano. Podrá cocinar. Podrá calentar agua. Y con la leña, podrá estar bien y leer mientras tenga luz. Hay velas y linternas. Porque en la aldea, desde siempre, se ha ido la luz. Antes, se tardaba un poco más en restablecerla, porque se “fundían” los plomos y había que unirlos de nuevo con gran maestría. Hoy en día, se va la luz cuando encendemos muchas estufas a la vez, y en un segundo, se le da a un interruptor, y arreglado.
Ayer, por la noche, volvió la luz mientras dormía.
Hoy, parece que todo está bien. Y normal. No es así. Debes procesar lo vivido. Integrar aprendizajes.
Espero que poco a poco te vayas restableciendo de este incidente. Aterrador. Da miedo pensar en hacia dónde va este mundo.
Perdónate si hoy no rindes bien. Si hoy te sientes diferente. Valida tus emociones y exige que los demás lo hagan. No exageras.
Ayer vivimos una distopía, bonita a ratos, con familias enteras disfrutando en la calle sin mirar pantallas. Pero si traspasas tu superficie, quizá sientas un miedo, una inquietud, una sensación de que no controlas nada y que la incertidumbre te está provocando palpitaciones. Eso es la vida. El aquí, el ahora. El control es una ilusión. Y la incertidumbre existe, a diario, aunque tratemos de mirar hacia otro lado.
Que la luz de tus ojos hoy brille más que nunca, agradeciendo todas las cosas que, quizá, hasta ayer, dabas por sentado, y que hoy el Universo te ha dado la oportunidad de seguir aquí, y leerme, gracias a Internet, al WIFI, a la luz eléctrica, a la VIDA.
Como decía Cohen: Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz.
Un abrazo,
Rocío



Así es Rocío, creemos que todo es permanente, sin saber que en un segundo todo puede cambiar radicalmente. Una llamada telefónica de madrugada anuncia la muerte de tu padre. El hombre con el que vives llega a casa una tarde y te dice que no te preocupes... Frase fatal, siempre hay que hacerlo. Tiene cáncer. Y caminamos por nuestros días sin notar el aroma del jazmín, una luna roja como un plato gigante, el petirrojo que picotea en el jardín o una persona que como tú nos hace parar, reflexionar. Gracias
Así es Rocío, creemos que todo es permanente, sin saber que en un segundo todo puede cambiar radicalmente. Una llamada telefónica de madrugada anuncia la muerte de tu padre. El hombre con el que vives llega a casa una tarde y te dice que no te preocupes... Frase fatal, siempre hay que hacerlo. Tiene cáncer. Y caminamos por nuestros días sin notar el aroma del jazmín, una luna roja como un plato gigante, el petirrojo que picotea en el jardín o una persona que como tú nos hace parar, reflexionar. Gracias