Tus líneas rojas
Sobre límites y gestión de conflictos laborales
Tengo el don de ver cosas antes de que sucedan. De conocer a las personas antes que se quiten la máscara con los demás.
Tengo el don de saber quién se dedica al caos, a quitar el foco de lo realmente importante y a hacer sentir culpables a sus víctimas.
Tengo el don de identificar a personas que vivieron infancias complicadas y no saben que se han convertido ya en adultos, responsables de sus propias decisiones.
Hay entornos laborables que se convierten en tóxicos, muy tóxicos.
En mis sesiones y talleres de coaching, escucho a mis coachees y es increíble darme cuenta de que a la mayoría de personas nos pasan las mismas cosas. Pero siempre frenamos en el miedo. Porque la cultura del miedo es la que nos hace a todos soportar cosas que jamás soportaríamos en otros ambientes.
El pasado miércoles organicé un taller de coaching grupal sobre poner límites, aprender a decir no y trabajar la autoexigencia. Durante dos horas, nueve mujeres hablamos de lo que nos frena, del miedo, de la culpa, de los obstáculos que nos encontramos día a día para vivir una vida en calma, en la que atendamos a nuestras responsabilidades pero que también podamos elegir cómo vivir, sin depender de las expectativas de otros.
Pero hay un tema que nos frena mucho, donde es muy difícil poner límites, y es el trabajo, porque vivimos aferradas a la creencia limitante de que no hay nada más allá del trabajo actual, que si lo abandonamos, habremos tirado por la borda tantas cosas realizadas, tantos proyectos, que si nos vamos, quizá no encontremos algo mejor, etc. etc. etc. y nos auto engañamos y auto boicoteamos durante muchos años, hasta que ya es demasiado tarde y ya se ha visto afectada nuestra salud física y mental.
Dice el psicólogo Tomás Navarro en su libro Tus líneas rojas:
“Revisa cuántas cosas consideras normales que en realidad no lo son”:
“No es normal que te trate mal tu jefe, por mucho que tu hipoteca dependa de tu trabajo. Cada agresión, cada hostilidad, cada mala palabra, deja una cicatriz, una herida, un impacto efectivo que debemos gestionar”.
“A menudo, los perfiles tóxicos utilizan el conflicto como moneda de cambio de tal manera que cuando tratas de protegerte estás generando un conflicto. Pero no te equivoques, en realidad no eres tú quien lo ha iniciado”.
“Algunas personas tóxicas disfrutan viendo como sales de tus casillas, disfrutan del conflicto, ya que para ellos no es más que una estrategia con la que se sienten cómodos”.
“Que tengas un conflicto no significa que seas una persona conflictiva”.
“El conflicto suele ser ruido, una medida de presión, una distracción que te aleja de lo importante”.
“No interiorices los comentarios destructivos de una persona tóxica, no tienen nada que ver contigo, tienen que ver con su frustración por no conseguir sus objetivos”.
Espero que algo de esto te ayude a terminar mejor el año en tu vida de oficina.
Si te sientes abrumado/a, vete un poco lejos, coge distancia y toma perspectiva. Como la que da estar dentro de un avión, sobrevolando las nubes, dándonos cuenta de que nada es tan importante. Y recuerda siempre, que si hay una incidencia en el avión, tú debes ser quien utilice primero la máscara de oxígeno, antes de colocársela a otras personas. Tú, primero, siempre.
Te deseo un feliz noviembre.
Un abrazo y gracias por leer hasta aquí.


